La Columna del Grupo de Boston 15/12/2018

Por Germán Carrera Damas y Alexander Torres Iriarte

EL TRIBUNAL DE LA HISTORIA*

Germán Carrera Damas**

Debo advertir  que  las reflexiones   que expondré a  continuación se basan en la experiencia venezolana, vivida por mí desde 1945, e interpretada con mis recursos de historiador profesional cuya experiencia, ya prolongada y algo vasta, le ha llevado, sin embargo de lo que ahora escribo, a ser muy prudente en materia de generalizaciones.1

Con el solo propósito de apuntar, igualmente, que mis reflexiones no carecen de alguna fundamento político concreto, debo advertir también que fui miembro fundador de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado  (COPRE), y que en ella desempeñé las funciones de Director de la Subcomisión de reforma institucional, la cual elaboró algunas propuestas de reforma inmediatas que fueron adoptadas por unanimidad y que se hallan aún vigentes, si bien están asediadas por el régimen autocrático militarista.2

Basado en esta experiencia, he llegado a estimar que la consolidación institucional de la democracia en Venezuela requiere la radicación, en la cultura política de la sociedad, de algunos criterios básicos, contrariando, para el efecto, arraigadas creencias.

I.-Legalidad vs legitimidad.

La formación, el ejercicio y la finalidad del poder público deben prevalecer sobre la denominada legalidad de origen, porque ellos determinan la legitimidad de ese poder.

Es comprensible que en sociedades en las que los gobiernos han sido de fuerza, generalmente surgidos de golpes militares tradicionales; o que han estado marcados de continuismo, la vía electoral para la formación del poder público fuese vista como una reivindicación, y reconocida como una fuente cierta de legalidad.

De hecho, la vía electoral es consubstancial con el ejercicio de la democracia. Puede disputarse sobre el modo de realización, pero no sobre el principio de que, en democracia. es la elección la vía para formar el poder político.

No obstante, como suele suceder con todos los principios destinados a regir la vida política de las sociedades, también el de la legalidad primaria, como suele denominarse al resultado electoral, con el ejercicio se vuelve cuestionable. Una vez habituada la sociedad al ejercicio electoral, como ha venido sucediendo en Venezuela desde hace medio siglo, la atención de la sociedad tiende a fijarse más en la legitimidad del poder que en su legalidad, pues también de elecciones pueden resultar malos gobiernos, en su ejercicio y finalidad, como está históricamente probado.

De allí que en las sociedades en las cuales el procedimiento electoral ha sido práctica normal, la atención de los ciudadanos tiende a desplazarse desde la legalidad de origen del gobierno hacia su legitimidad, en el sentido de valorar el proceso formativo del gobierno apreciándolo más allá de los procedimientos electorales;  valorando, sobre todo, el ejercicio del poder, tomando como criterio el respeto a las instituciones y a los derechos políticos y humanos, y la finalidad del poder, en el sentido de garantizar los derechos de la minoría y el respeto de la igualdad entre los ciudadanos.

En suma, ya no bastará con la legalidad de origen para acreditar la condición democrática de un gobierno; importará sobre todo su legitimidad, atendiéndose a los criterios antes señalados. Igualmente, atendiendo a la naturaleza de estos criterios corresponderá a la sociedad civil organizada ejercer la vigilancia de la legitimidad al igual que reivindicar su respeto de manera constante y no limitada al ejercicio del sufragio.

   II.- El deber de legitimidad es la más eficaz limitación del poder político.

El deber de legitimidad es la más eficaz limitación del poder político. No sólo porque remplaza la legalidad de origen, sino también y sobre todo porque es función de la voluntad política de la sociedad civil, manifestada en sus diversas formas organizativas, principalmente los partidos.

En forma sintética podría decirse que el cumplimiento del deber de legitimidad obliga a los gobernantes y al gobierno a gobernar, contrariando la casi natural tendencia a mandar. La obligación de legitimidad es salvaguardada por tres conceptos claves: la responsabilidad política, la responsabilidad jurídica y la responsabilidad internacional.

La responsabilidad política se entiende, en este caso, como una obligación que desborda lo pautado por la constitución.

Puede y debe entenderse como el compromiso de cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes. Pero puede y debe entenderse sobre todo como el rechazo de una ilegítima potestad que se atribuyen los gobernantes con tendencias autocráticas, que se expresa como la posibilidad de agenciarse la violación o la alteración hasta desvirtuarlos, de las normas básicas en aplicación de las cuales fueron electos.

La exacerbación de esta tendencia llaga a su más alto grado cuando el electo entiende mandar en función de la realización de una agenda oculta, incurriendo en el delito de dolo.

El sólo intentarlo desvirtúa la democracia hasta el punto de que anula la legalidad de origen, al hacerla depender de un engaño premeditado y alevoso.

No se trata del incumplimiento de promesas, pues si todas las promesas políticas se cumplieran ello significaría que la realidad carece de fuerzas propias.

Se trata de que la política propuesta al elector para recabar su voto, constituye un contrato de obligado cumplimiento, o al menos de intento de tal, pero nunca podrá ser substituidos sus términos por otros de que no sólo no se ha informado al elector sino que se le ha mantenido celosamente oculto hasta la negación de su posibilidad.

Responsabilidad  internacional puede y debe entenderse como la obligación de atender a la acreditación del prestigio y la respetabilidad adquiridos por una sociedad constituida políticamente al cabo de sostenidos esfuerzos costosos en sacrificios y en vidas.

La fuerza vinculante de este ancestral mandato no sólo determina límites sino que impone actitudes, generando una modalidad de la legitimidad que desborda el ámbito de lo político, más o menos inmediato, y se asienta como un imperativo histórico. Nada tendrá consecuencias más perdurables y poco menos que insuperables, que el incumplimiento de este deber histórico, dado lo costoso arduo que resultará el restablecimiento del prestigio y la credibilidad afectadas si no perdidas del todo.

III.-  La legitimidad como imperativo ético que desborda la responsabilidad jurídica.

Es un lugar común la expresión “el tribunal de la historia”. Pero se suele entenderla como una instancia inexorable ante la cual comparecen el heroísmo y la cobardía; la grandeza y la pequeñez; el honor y la deshonra. De esa comparecencia se derivan el prestigio histórico y la ejemplaridad en lo concerniente al respeto y la práctica de valores socialmente reputados como edificantes. Pero de ella se espera algo más: y esto es el efecto disuasivo que habría de tener sobre conductas torcidas o desviadas.

No obstante, quizás sea la función primordial, aunque no siempre ostensible, del tribunal de la historia, el figurar como una simbólica instancia de la legitimidad llamada a compensar la buena fe de los pueblos por las infracciones cometidas en su contra. Del juego de este mecanismo compensatorio depende la demostración de ..”la aptitud de Venezuela para la práctica ordenada y pacífica de la democracia”, según la sentencia final del denominado “Pacto de Punto Fijo”, suscrito por los principales dirigentes de los partidos Acción Democrática, Social Cristiano COPEI y Unión Republicana Democrática, en Caracas, el 31 de octubre de 1958,

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1.-Las circunstancias de presidir el Comité de Redacción de la Historia General de América Latina,  de ser miembro del Buró del Comité Científico Internacional encargado de elaborar la nueva versión de la Historia del Desarrollo Científico y Cultural de la Humanidad, de ser miembro del Comité de Redacción de la Historia General del Caribe, todas patrocinadas por UNESCO; y también miembro del Comité Editorial de la Historia de América Andina, patrocinada por la Universidad Andina Simón Bolívar – Sede Quito.

2.- La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado  (COPRE) fue creada por decreto de 17 de diciembre de 1984. Tuvo a su cargo el estudio y la elaboración de proposiciones que pudieran llevar a la modernización del Estado y la profundización de la democracia.

(*) Basado en el artículo homónimo publicado en noviembre de 2006.

(**)Doctor en Historia, Universidad Central de Venezuela, 1972. Profesor Titular III (Jubilado) de la misma Universidad. Embajador de la República de Venezuela ante los gobiernos de México, Suiza, Colombia y la República Checa (Jubilado a partir de enero de 1999). Fundador de las cátedras de Historia de la Historiografía de la Historia. Ha desempeñado la cátedra Simón Bolívar de las universidades de Cambridge y Colonia.

EN EL ALMA POPULAR

Alexander Torres Iriarte*

Pensemos en el modo cómo la derecha nos ha tratado la figura del Libertador. Un Bolívar que debe ser desentrañado sin el prejuicio del historiador apegado únicamente al documento escrito. Es en este sentido que el imaginario social es una rica cantera para dilucidar la carga mítica y revolucionaria del Libertador como factor de dignificación nacional, no como un lastre que debemos superar.

En las imágenes mentales del pueblo venezolano -sus valores, costumbres, hábitos, tradiciones, trasmisión oral, etc.- existe un Bolívar “interno”, un Bolívar mito fundacional de nuestro complejo país. Cuántos cantores y poetas, por no perdernos en las procelosas aguas del universo cultural, nos han recreado sinceramente al Padre de la Patria.

Asimismo, en la cosecha de los marginados es muy común la equiparación de Bolívar con el hijo del Dios cristiano: “Cuando Bolívar nació Venezuela pegó un grito, diciendo que había nacido un segundo Jesucristo”. El pueblo lleva a Bolívar desde la parranda a la oración, desde la solemnidad del paraninfo al altar con las tres potencias y el cacique Naiguatá. Bolívar se transforma en motivación profunda de acciones edificantes ¿Es negativo que Bolívar sea un mito fundacional?

Para los despreciadores de los saberes de los de abajo, es un signo de animismo, de minoría de edad en nuestro desarrollo como sociedad civil; argumento sostenido por quienes contribuyeron con un culto para el pueblo “inepto” o por quienes tienen una óptica negadora de los sentires colectivos.

Este Bolívar paralizador de las reivindicaciones de los excluidos, no se tornó negativo para la derecha en la medida que fue instrumentado por los operarios del fracasado Estado Liberal. En el puntofijismo valía la pena ser bolivariano, no era químicamente peligroso: Bolívar se exhibía como un personaje legendario, un héroe aristocrático para la perpetua contemplación, para el incienso y la mirra de los panteones.

En ese instante, cuando el pueblo era en convidado de piedra, ser bolivariano no era una enfermedad cultural, hasta el punto que se instauró una asignatura obligatoria (Cátedra Bolivariana) en la formación escolar de los años 80 del siglo pasado. Sin embargo, no pudieron (y no podrán) arrebatar del imaginario popular un Bolívar cabalgado con los humildes, resolviendo problemas humanos y divinos, un Libertador amigo de hombres y mujeres plenos de fe. De tal manera que independientemente de la prédica de la derecha, se palpa un culto del pueblo que cada día se hace más movilizador, más efectivo.

Un culto que sin rubor acompaña ancestralmente al venezolano y que encontró en Hugo Chávez una sincronía casi religiosa: un líder que retorna el símbolo cargado de optimismo y de esperanza. Es así como la presencia mítica de Bolívar no es mala per se, es incentivo popular por un mejor presente, ya no es una estatua. El reto está en no cosificar el símbolo, en socializarlo afirmativamente.

(*) Egresado del Instituto Pedagógico de Caracas, en Ciencias Sociales mención Historia (Cum Laude);  MSc. en Historia de Venezuela de la Universidad Central de Venezuela; miembro del Consejo de Redacción de las Revistas de Historia y Ciencias Sociales: “Tierra Firme” y “Tiempo y Espacio”. Colaborador del Boletín de la Academia Nacional de la Historia

Publicada en el diario El Universal 

http://www.eluniversal.com/politica/28365/grupo-de-boston

La Columna del Grupo de Boston 1/12/2018

 Por Aime Nogal M. y Agustín Lao-Montes

¿Es posible solucionar la crisis política sin garantías para la gobernabilidad?

Aime Nogal M*

Refieren los expertos en negociación y acuerdos, que entre los mecanismos para generar confianza, se encuentra la capacidad de cada uno de los actores de cumplir con pequeños gestos para transitar a la discusión de una agenda común, esto como pieza indispensable en el diseño de una solución a un conflicto bélico o político.

Con frecuencia la oposición denuncia, no sin razón, que el gobierno incumple de forma consuetudinaria la más mínima concertación, motivo por el cual, una parte de los opositores afirman que esto imposibilita cualquier acercamiento. Sin embargo, es un hecho notorio que también la dirigencia opositora tiene dificultades para lograr acuerdos internos y posteriormente, respetarlos.

Los ciudadanos, de todos los sectores y los gobiernos interesados en la resolución del conflicto venezolano estamos a la espera de una propuesta creativa del liderazgo político, que cimente su credibilidad en la capacidad de tengan las partes de para cumplir los acuerdos y construir una solución a la crisis política venezolana, que garantice la gobernabilidad a corto, mediano y largo plazo.

Despersonalizar el conflicto, generar espacios de confianza en el proceso de reconocimiento del otro e integrar a la mayor cantidad de actores de la vida nacional, son tareas urgentes. En este sentido, un caso de éxito, que sirve de ejemplo en la vida política del país es el Grupo de Boston, integrado de forma paritaria por dirigentes opositores y del sector oficial, que ha logrado hasta ahora, un espacio en el que se sortean las diferencias y se concentra el esfuerzo en encontrar intereses comunes.

 

Además, es imposible dejar de lado la importancia del Grupo de Boston como  un eslabón institucional, entre los parlamentos venezolano y norteamericano, que bien puede servir como canal de comunicación entre ambas instituciones, con el objetivo de mejorar las relaciones con el país, que ha sido durante décadas nuestro primer socio comercial.

Quienes creemos que la superación de la crisis que atraviesa Venezuela, supone un esfuerzo por destrabar el conflicto político, consideramos como objetivos indispensables garantizar la gobernabilidad y el reencuentro, dos factores decisivos para obtener estabilidad política y consecuencialmente, el acceso a los mercados financieros internacionales, a los que nuestro país deberá acudir indefectiblemente, para superar la miseria e insertarse en la modernidad.

 

(*)Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela. Especialista en Derecho Procesal. Egresada del Programa de Líderes Internacionales del Departamento de Estado del Gobierno de Estados Unidos.

Un puente entre el Norte y el Sur: La cátedra de estudios afrohispánicos

Agustín Lao-Montes*

La Suno University de New Orleans, bajo la coordinación de Clay Robertson, tomó la iniciativa de implementar una cátedra de Estudios Afrohispánicos con la finalidad de establecer un puente entre los procesos históricos de las comunidades afroestadounidenses de esa ciudad y la diáspora africana en los países de América Latina y el Caribe.

 

Esta iniciativa es un ejemplo de la necesidad de que pueblos con origen común comiencen a hacer una reflexión de sus procesos históricos y sus diferentes aportes económicos, espirituales, éticos, epistémicos, culturales, políticos a la ciudadanía contemporánea y sus luchas para la democracia, la equidad, la justicia y la inclusión en las políticas públicas.

Esta iniciativa, ejemplo para otras universidades, llegó a ser realidad gracias al esfuerzo de Venezuela, un país que pareciera cada vez más alejado de EEUU. A pesar de las coyunturas políticas entre los gobiernos, hay una agenda establecida en el Decenio Afrodescendiente declarado por la ONU (2014-2024).

La Declaración y Plan de Acción de Durban del 2001, que sirve de antesala a dicho Decenio, estipula el compromiso con la Justicia Reparativa Étnico-Racial, es decir, con la elaboración de Reparaciones a las consecuencias traumáticas causadas por la trata negrera, el sistema esclavista y la Discriminación Racial que aún permanece en América Latina, el Caribe y los EEUU.

Estuve en Venezuela en dos eventos donde se promulgó un acuerdo para la implementación del Decenio Afrodescendiente y el impulso a las políticas de Reparaciones, un ejemplo regional para la inclusión de esos temas en su agenda de Estado; pero además, he acompañado la aproximación de Venezuela a miembros del Caucus Negro y ahora a las universidades, para llevar estos temas al debate público en EEUU.

Al analizar la situación en Venezuela y su relación con los EEUU, hay que tomar en cuenta la importancia de estos puntos de encuentro y valorizarlos por encima de las diferencias.

En América Latina y el Caribe viven más de 150 millones de afrodescendientes bajo los peores indicadores de desigualdad de acuerdo a instituciones como el Banco Mundial.

En la cátedra se abordan estos temas. Lejos de mantener una constante confrontación, con amenazas militares o sanciones, desde EEUU deberíamos propiciar acercamiento y diálogo, incluso entre los propios actores políticos venezolanos, para seguir trabajando en conjunto en la necesidad extraordinaria de reconocernos recíprocamente como una comunidad de largo aliento en nuestras gestas comunes por la democracia, la equidad y la justicia.

(*) Profesor de Sociología en la Universidad de Massachusetts en Amherst, donde dirige la especializacion de posgrado en Estudios de la Diaspora Africana. Es miembro de la Articulación Regional Afrodescendiente en las Americas-ARAAC.

Publicada en el Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/27145/columna-del-grupo-de-boston

La Columna del Grupo de Boston 24/11/2018

Por Carlos Valero y Daniel Kovalikes

Auto sanciones



Carlos Valero*

La explicación sobre el origen y profundización de las sanciones contra el gobierno de Maduro debe buscarse en la decisión del grupo gobernante de desconocer abiertamente la ruta electoral como mecanismo democrático de resolución de diferencias.

De los casi 20 años de “revolución”, solo en un corto período el país ha enfrentado sanciones económicas de EEUU y Europa. Las parlamentarias de 2015 con la victoria opositora marcaron un hito. Desde el momento de la proclamación de los 112 parlamentarios de la coalición MUD, comenzó un proceso de destrucción de la AN, partidos políticos, voto como herramienta eficaz del diálogo democrático y el giro acelerado del oficialismo hacia un sistema mucho más autoritario, primitivo y violento.

Frente a esta reacción hostil de Maduro, el país y la comunidad internacional no tuvieron más opción que actuar. A lo interno con la exigencia de un referéndum revocatorio establecido en la Constitución y grandes movilizaciones populares, mientras que en lo externo, se aumentó la presión diplomática para que se arribara a una solución pacífica a la crisis, mesas de diálogo, Vaticano, países amigos (por el lado de la zanahoria) y por el lado del garrote: sanciones, fuertes comunicados y más presión.

A cada petición de respeto al Estado de Derecho, Maduro y Cabello respondían con más violencia: presos políticos, Constituyente ilegal e inconsulta, en fin, una espiral de conflictividad que nos ha llevado a la peor crisis económica, migratoria y social de país alguno en América Latina.

EEUU amenaza con más sanciones, pero al mismo tiempo ve con buenos ojos la iniciativa del Grupo de Boston y de la UE, de buscar una solución política. ¿De qué depende que las sanciones no sigan avanzando? En un 90% de que Maduro y sus aliados acepten elecciones libres, con un CNE equilibrado, observación internacional y habilitación de todos los líderes de oposición.

Sin lugar a dudas, la llave de las sanciones, que he denominado auto impuestas, la tiene el gobierno. Desafortunadamente para el país, pareciera que el gobierno intentar revivir una especie de neoguerra fría, apoyados en Rusia, Turquía, Cuba y en menor medida China, que afrontar la responsabilidad de transitar hacia la democratización.

La presión externa por sí sola no solucionará la crisis. Los venezolanos debemos construir una solución, desde la presión popular, un proyecto alternativo de país y preparar una transición ordenada y estable, que implicará necesariamente una negociación para el cambio político, con elecciones competitivas y la recuperación de las instituciones

 

(*) Diputado a la Asamblea Nacional

  

El plan de Trump de designar a Venezuela como “país patrocinador del terrorismo” es tan absurdo como peligroso

Daniel Kovalikes*

Como si las sanciones devastadoras que EEUU ha impuesto de manera ilegal e inmoral sobre Venezuela no fueran suficiente, el gobierno de Trump ahora está considerando designar a Venezuela “país patrocinador del terrorismo” – una designación que resultará en más sanciones económicas y el corte en al menos $100 millones de ayuda muy necesaria.

Que tal designación es un mero pretexto para causar sufrimiento al pueblo venezolano a la espera de que escojan un cambio de régimen no puede ser más claro.

Primero, la idea misma de que a EEUU le importa luchar contra el terrorismo se ha comprobado a lo largo del tiempo, que es un chiste cruel. Por consiguiente, a EEUU se siente satisfecho al asociarse con los peores patrocinantes del terrorismo en el mundo – más notablemente, Arabia Saudita, que está llevando a cabo un genocidio masivo en Yemen y que ha estado patrocinando grupos terroristas tales como Al Qaeda por años.

Adicionalmente, el hecho en sí de intentar hacerle daño a la población de Venezuela con el fin de en sí de llevar a cabo el fin político de un cambio de régimen es en sí un caso clásico de terrorismo.

En segundo, simplemente no hay mérito en alegar que Venezuela es de hecho un patrocinante del terrorismo. Así que mientras EEUU ha citado la relación de Venezuela con Hezbolá como ejemplo de apoyo al terrorismo, la mayoría de los observadores y expertos en inteligencia creen que Hezbolá es una organización política legítima, y bastante racional con apoyo sustancial entre la población libanesa Y las aseveraciones sobre el apoyo de Venezuela a las guerrillas del ELN, son igualmente falaces.

Para empezar, el ELN, como Hezbolá, es una organización legítima de liberación, y sus actividades se limitan casi completamente al territorio colombiano. Y hasta donde conciernen los ataques que el ELN ha llevado a cabo fuera de Colombia, han sido los propios militares venezolanos, que lejos de apoyar al ELN, han sufrido el impacto de tales ataques.

En verdad, la conducta internacional de la cual Venezuela es realmente culpable es de mostrar verdadera solidaridad con los pueblos más pobres -e.g., apoyando equipos de asistencia médica en Haití y apoyando la Misión Milagro que le ha devuelto la vista a decenas de miles de personas invidentes. Tales conductas no merecen castigos, sino de hecho, recompensa.

(*) Profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Pittsburgh

Publicada en el Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/26597/grupo-de-boston

La Columna del Grupo de Boston 17/11/2018

POR Steve Ellner Y RAFAEL OCTAVIO RIVERO

Oposición que plantea opciones distintas a la militar puede estar fortaleciéndose

Steve Ellner*

Varios hechos apuntan hacia una reacción en contra del discurso imprudente sobre una solución militar para Venezuela. Un artículo reciente en el New York Times: “El gobierno de Trump discutió un posible golpe de Estado con militares rebeldes en Venezuela” criticó al gobierno de EEUU por alentar a militares golpistas venezolanos.

El Primer ministro de España, Pedro Sánchez, asumió una posición sobre Venezuela que se acerca más a la de su predecesor Rodríguez Zapatero, quien se opone a las sanciones e insta al diálogo, que a la de Felipe González con su línea dura contra el gobierno de Maduro.

El presidente de México, López Obrador ha dejado clara su intención de restaurar el principio de no injerencia en asuntos internos de otros países establecido durante la Revolución de 1910 y consagrado en su constitución.

A lo interno de EEUU, se esperan posibles cambios con el Partido Demócrata, que acaba de ganar control de la Cámara baja del Congreso, aunque históricamente las diferencias entre éste y el Partido Republicano en política exterior son mínimas.

Los demócratas objetan las sanciones de Trump contra Irán pues el acuerdo con esa nación, que Washington acaba de romper, fue una iniciativa de su compañero de partido, Obama. Los grandes medios como el New York Times, cercano a los demócratas, están informando que las sanciones tienen un efecto amplio alrededor del mundo.

Por ejemplo, aun cuando Gran Bretaña y Francia se oponen a las sanciones, las petroleras Shell y Total anunciaron que no importarán petróleo iraní por miedo a represalias.

El mismo efecto ocurre en Venezuela aunque no haya recibido mucha publicidad hasta ahora. La decisión de empresas como Ford y Kimberly Clark de salir del país ocurrió después del decreto de Obama declarando a Venezuela como amenaza a la seguridad de EEUU. General Motors y Kellogg’s salieron luego de las sanciones de Trump.

Las actividades del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, supuestamente diseñadas para descubrir y congelar las cuentas secretas de los funcionarios venezolanos sancionados, disuaden a empresas alrededor del mundo de hacer negocios con los venezolanos.

Si los demócratas, y quizás algunos republicanos, toman o no el tema, todavía está por verse, pero hay cambios en camino que pueden aclarar cómo las sanciones unilaterales han contribuido al sufrimiento considerable de los países a los cuales se han aplicado.

Al mismo tiempo estos cambios pueden abrir el paso a iniciativas que involucren a Washington en el diálogo entre el gobierno de Venezuela y aquellos en la oposición que están abiertos a la idea.

(*) Editor Corresponsal de “Latin American Perspectives”. Nueva York

¿Y el país que piensa?

Rafael Octavio Rivero B*

Cada día cambia el escenario global del país, ignorar que hay un roce continuo, que produce un silencio que lejos de apaciguar el sentir, lo hace incómodo e intransitable. Tantas veces se han repetido argumentos que ya su efecto es ninguno en la población y aparece el fantasma de la inconformidad tomando cuerpo, esta fricción este roce constante tiene sus efectos y al no presentarse soluciones la rotura o ruptura  toma cuerpo y empieza a lucir indetenible.

Es tan crítico el cuadro, que lleva al pueblo a pensar que la vida no tiene sueños ni objetivos que lograr, alguien llamaba la atención al decir:¿ si no tengo salario digno,vivienda ,servicios : en qué me diferencio de un animal? . Así el quehacer diario, se agita y embulle internamente, para el logro de un fin con consecuencias imprevisibles.

Pongamos algunos ejemplos de este roce continuo , que hace del venezolano incrédulo y obstinado de su condición viviente: ¿puede alguien creer que su grave cuadro económico es producto de la Guerra Económica?, ¿que la caótica situación del servicio eléctrico prestado por CORPOELEC es producto del sabotaje? ¿podrá creer ese venezolano que ese Bolívar Soberano, le haría libre en el campo económico, si en el primer anuncio de reconversión se advirtió que se le restarían tres ceros a la moneda e inesperadamente, el resultado fue de cinco ceros menos?.

Así la última afirmación del Señor Presidente referida a que pronto el Gobierno tendría el control total del Circuito Carnico o Carne de Consumo, lejos de producir efectos positivos , vistió de luto a la llanura venezolana, la situación amenaza con llegar a un punto de quiebre , donde ninguna fuerza podría detenerla reacción de una población inconforme.

Ante este cuadro de tanta incertidumbre, angustia e impotencia, el pueblo alerta pidiendo un cambio de rumbo, tanto en lo político, como en lo económico y en lo social, el Gobierno tiene La palabra, ya que continuar desentendido de la realidad y nutrido de un optimismo imaginario , los acontecimientos resultarán contrarios.

La Oposición está llamada hoy más que nunca a entenderse y presentarse al país unida, con un claro proyecto de cambio, que logre hacer renacer la esperanza en el pueblo venezolano.

Aplaudir las iniciativas de todos los que en este campo de accionar han participado, es más que justo, de allí que sea indispensable mencionar al Grupo Boston, que hoy más preocupado que nunca profundiza el regreso de la política de altura en el plano nacional e internacional en el marco de un cambio de rumbo en la política de nuestro país, que nos lleve a reencontrarnos como pueblo.

(*) Ex parlamentario venezolano

 

Publicada en El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/26010/grupo-de-boston

La Columna del Grupo de Boston 10/11/2018

Por Leopoldo Martinez y Angelo Rivero Santos

¿Qué se piensa en Washington sobre Venezuela y el Grupo de Boston?

Leopoldo Martínez Nucete*

Era diputado en la ya polarizada y difícil Venezuela del 2001-2002 cuando parlamentarios de ambas tenencias políticas, constituimos el Grupo de Boston (GB). Nos acompañaban notables figuras delos EEUU, como el senador Ted Kennedy, y el republicano Cass Ballenger. También recibimos el apoyo firme de la OEA.

Entonces, igual que hoy, los que pensábamos que nunca se debe renunciar al diálogo en democracia, incluso para alcanzarla si la sociedad se encuentra sometida por alguna forma de autoritarismo,fuimos criticados.

En los tiempos que empezó a funcionar el GB, el diálogo permitió que los más difíciles temas no regresaran a la discusión legislativa hasta el siguiente período constitucional, de cuya elección, lamentablemente, se retiró la oposición.

En Washington nadie ve con indiferencia la crisis de Venezuela. La herramienta de las sanciones a personas específicas, bajo la administración Obama; que han escalado a otras más amplias y de impacto sobre la economía, durante la administración Trump, así como el compromiso de atender la crisis humanitaria y defender los Derechos Humanos, han resultado de consensos bipartidistas como la Ley Menéndez-Rubio.

El trabajo del Senador Republicano Bob Corker con el Grupo de Boston, también cuenta con respaldo bipartidista.

En el fondo, al margen de las distintas apreciaciones y de estridencias como la peligrosa idea de una intervención militar (que rompería todos los consensos, incluso en el partido Republicano), las personas con mayor influencia en Washington saben que en la “realpolitik”, la presión internacional no sustituye a la negociación para restablecer la democracia con una mínima cohesión social.

Mucho más, dada la magnitud de la crisis económica venezolana, cuya solución exige acuerdos básicos.

Por otra parte, a muchos nos preocupa en Washington que, si escalan las sanciones sin el apoyo de una negociación política efectiva, el aislamiento coloque a Rusia y China en posición de mayor influencia sobre el destino de Venezuela, a base de aportes económicos.

Pero, por supuesto, se necesitan señales claras de parte del sector oficial en Venezuela. La credibilidad de su voluntad de diálogo y rectificación es muy baja. La persecución al liderazgo opositor, así como la presencia corrosiva e impune de la corrupción y el crimen organizado, acortan la paciencia de voces influyentes en Washington. La voluntad de buscar una solución democrática a través del diálogo enfrenta una creciente resistencia en sectores de la oposición.

La realidad, se admita o no, es que todos los caminos hacia la democracia en Venezuela pasan por Washington, y para ello podría ser fundamental la contribución del Grupo de Boston.

(*)Leopoldo Martínez, ex-diputado de Venezuela, es actualmente miembro de la Dirección Nacional del Partido Demócrata de los EEUU.
Publicado Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/25451/washington-venezuela-y-el-grupo-boston

La sensatez del 70%

Angelo Rivero Santos*

La historia política de América Latina y la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de varios países de la región en el siglo XX nos enseñaron una lección trágica: el alto costo político y humano de los conflictos internos intratables.

La década de 1950 y la eventual transición política de Venezuela a partir de 1958; las difíciles transiciones de gobiernos autoritarios en el Cono Sur durante los años setenta y ochenta; y las guerras civiles centroamericanas de la década de 1980, que en conjunto dejaron un registro trágico de miles de víctimas, son solo tres ejemplos de los peligros que enfrentamos cuando la razón es derrotada por el sectarismo y la violencia. Incluso las FARC y el ex presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, entendieron que no había una solución militar a lo que, en 2016 y después de 60 años parecía ser un conflicto inacabable.

En todos estos casos, la mediación y el diálogo político se convirtieron en componentes esenciales de un difícil proceso de negociación entre rivales políticos que generaron consenso, al menos, sobre un tema importante: la imposibilidad de coexistir pacíficamente sin la aceptación del “otro” como adversario político y no como un enemigo que necesita ser eliminado. Estas experiencias nos enseñaron que la política no debe ser un juego de suma cero.

En ese sentido, la reciente visita a Caracas del senador estadounidense Bob Corker de Tennessee a solicitud del Grupo de Boston, y las reuniones que sostuvo con miembros del gobierno y de la oposición en Venezuela, son una señal esperanzadora de la importancia que, para algunos actores políticos en el país, todavía representa colocar el diálogo, y no la violencia, como medio para resolver los conflictos políticos. La mayoría de los venezolanos parecen también estar de acuerdo con esta premisa.

De hecho, la última encuesta disponible sobre este tema realizada por Hinterlaces y que data de junio de los corrientes indicó que más del 70% de los venezolanos favorecen el diálogo como una forma de salir de la actual crisis política, social y económica. Esa cifra demuestra la sensatez de la mayor parte de los venezolanos.

Para que el diálogo tenga éxito, sin embargo, es esencial que los actores políticos alcancen un acuerdo realista y fundamental sobre algunas reglas básicas de convivencia. Dicho acuerdo permitiría a los líderes políticos del país, en ambos lados, encontrar formas de avanzar hacia un proceso de mediación y negociación que les permita romper el actual estancamiento haciendo parecer inmanejable el actual conflicto. Para romper esta aparente dificultad, los actores políticos de ambos lados deben aceptarse mutuamente como parte de la solución a la crisis actual en beneficio de todos los venezolanos. No como enemigos que necesitan eliminarse entre si, sino como contendores con diferentes puntos de vista de sociedad

Es por esto, que la solución a la crisis actual debe ser encontrada en Venezuela, y por los venezolanos. Los esfuerzos de algunos en Washington D.C y otras ciudades capitales del Hemisferio para lograr cambios a través de sanciones económicas, aislamiento y/o amenazas de intervención extranjera, son simplemente contraproducentes. Sin embargo, la comunidad internacional, junto con el Grupo de Boston, pueden ayudar a promover espacios en los que tanto el gobierno como la oposición puedan iniciar un proceso sincero que les permita alcanzar acuerdos fundamentales sobre reglas básicas de convivencia. Tales acuerdos posibilitarían que los próximos pasos de mediación, negociación y diálogo, sin duda los más difíciles, ayuden a romper la aparente intratabilidad del conflicto. La lección más importante que le dejó a América Latina el siglo XX, es que se puede evitar mucho sufrimiento humano si resolvemos nuestras diferencias a través de un proceso comprometido de mediación, negociación y diálogo. Los líderes venezolanos, de ambos lados, deben a sus electores el no olvidar esa lección.

(*) Angelo Rivero Santos., Ph.D Teaching Associate Professor / Director Of Academic Affairs. Center For Latin American Studies . Edmund A. Walsh School. Georgetown University

 

Publicado Diario el Universal

La Columna del Grupo de Boston 27/11/2018

Por enrique márquez y rafael fuenmayor aguilar

No podemos salir de esta tragedia con más tragedia

Enrique Márquez

El destino de Venezuela está en manos de los venezolanos, principalmente de su clase dirigente, de aquellos que hacen de la política su día a día. Si la pesadilla que vivimos ha sido generada principalmente por la ceguera, la tozudez, el dogmatismo del gobierno, también es cierto que la solución a la situación viene de la mano no solo de la acción o inacción del gobierno, sino también de la clase política opositora, de la dirigencia de los sectores mas importantes y, por supuesto, del pueblo en general. No hay solución mágica. Debemos moldearla con nuestras manos.

Durante estos 20 años el gobierno ha construido su hegemonía de la mano de la antipolítica, de la descalificación de las rutas de la política, estimulando el enfrentamiento fraticida entre venezolanos, destruyendo cualquier posibilidad de entendimiento y estimulando la desesperanza. Ha sido un guión construido para la aniquilación del adversario, usando todas las herramientas posibles de violencia institucional y política. En su irracional intento por destruir la oposición, pulverizó al país y el futuro de todos.

La situación actual refleja claramente el fracaso de este planteamiento estratégico del gobierno, porque, aunque ha logrado mantenerse en el poder de manera autoritaria, no ha logrado solucionar ninguno de los graves problemas que se le han presentado al país. Muy por el contrario, la antipolítica del gobierno ha destruido las instituciones políticas, económicas y sociales de nuestro país. Podríamos decir que Venezuela retrocedió décadas en todas las áreas importantes. No solo el modelo económico ha estado equivocado, sino toda la aproximación al manejo institucional y político del país.

La clase dirigente opositora, como motor del cambio político, debe ubicarse en una posición diametralmente opuesta a este planteamiento del gobierno. Si el gobierno plantea la antipolítica, nosotros debemos plantear la política. Si el gobierno se ha basado en la violencia y la separación entre compatriotas, nosotros debemos plantear la unidad nacional y el entendimiento entre venezolanos. Debemos, por lo tanto, modelar un país que se ubique en otros planos, donde la solución a los problemas de los venezolanos la calidad de vida de nuestros hermanos y el futuro de nuestros hijos, esté por encima de ideologías, de partidos y de la lucha ciega por el poder.

Se trata de construir un mejor país y esto debe hacerse desde sus bases y rescatando los valores fundamentales de los venezolanos, la honestidad y transparencia en el manejo de la cosa pública, el trabajo como motor de la movilidad social, el respeto a las instituciones, y esto solo se puede hacer si abandonamos los vicios del modelo que domina estos oscuros momentos. No se trata solo de un cambio de gobierno, sino de viraje completo hacia un nuevo país.

La bandera de la Unidad Nacional y el entendimiento entre los venezolanos debe guiar nuestros pasos y modelar nuestra conducta. Siempre será mas conveniente para el país una solución pacífica, concertada con todos los sectores, que una violenta, es la única manera de garantizar un futuro de paz y gobernabilidad. No podemos salir de esta tragedia con más tragedia. Venezuela se encuentra entre la disyuntiva de sustituir un infierno por otro. Cambiar el nefasto modelo de Maduro y sus acólitos no debería hacerse sobre el supuesto de que el fin justifica los medios. Estamos moralmente obligados a esquivar, en forma pragmática la violencia y construir, desde una posición radicalmente opositora a este sistema de gobierno que empobrece y aniquila al país, una Venezuela prospera, incluyente, sin chantajes sociales ni hegemonías partidistas o sociales. Ojalá, la oscuridad que ha significado este nefasto periodo, nos cure como sociedad de la barbarie y el atraso.

Publicado Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/24852/no-podemos-salir-de-esta-tragedia-con-mas-tragedia

Con respeto a nuestra soberanía ¡ Se puede!

Rafael Fuenmayor Aguilar

Las relaciones entre Venezuela y los EEUU, deben regularizarse. La vinculación entre naciones que comparten fuertes lazos comerciales y hay que aceptarlo, culturales, es una realidad que no tiene porque estar reñida con el respeto a la soberanía de ambas naciones, y mas específicamente a la visión revolucionaria que defendemos, en la lucha por la construcción y consolidación de un mundo pluripolar.

¿Pueden lograr tejerse relaciones institucionales perdurables entre ambos países a pesar de la crisis política?, desde luego. Ejemplo de ello es el Grupo de Boston, constituído por parlamentarios y ex parlamentarios, claramente revolucionarios y con una representación paritaria de más que probados opositores.

El Presidente Hugo Chávez nos legó entre muchas otras enseñanzas, la capacidad de iniciar procesos de diálogo con todos los sectores, sin importar la distancia ideológica que mediara entre los actores. Nadie puede cuestionar que   Chávez tenía capacidad para sentarse en cualquier escenario, a escuchar los argumentos de los adversarios, sin que se pusiera en duda su genuino compromiso revolucionario.

Por su puesto, que no falta la insidia que pretende fortalecer al sector guerrerista en Washington, pero caer en la trampa de quienes pretender tomar el poder por asalto, con el apoyo de los sectores mas rancios y radicales de la política norteamericana, sonríen y se frotan las manos al pensar que el botín al que desean acceder, que no es otro que la patria de Bolívar, se ve mas cerca en cada golpe que le dan a las relaciones entre naciones que no tienen otro camino que entenderse.

Maduro, nuestro Presidente, ha venido redoblando el paso en la dirección correcta, la defensa de nuestra integridad territorial y autodeterminación soberana, al tiempo que extiende la mano para una normalización de las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos.

Que nadie se llame a engaño, Nicolás Maduro ni es ni será un títere de las oligarquías, ni el pueblo permitirá que se retroceda en las conquistas alcanzadas. Su destreza desarrollada al frente de la Cancillería y su conocimiento de las relaciones internacionales, le otorgan un comodín invaluable en estos momentos.

Por ello, y por conocer el talante democrático de nuestro Presidente Nicolás Maduro, sabemos que es quien mejor interpreta las exigencias del momento histórico, y respaldamos al timonel, al enfrentar con hidalguía el curso de la tormenta, avanzando contra todos los pronósticos, y explorando las rutas que convengan mas a la inmensa mayoría de los venezolanos

Publicado Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/24850/con-respeto-a-nuestra-soberania-se-puede

 

La Columna del Grupo de Boston 03/11/2017

POR PEDRO PABLO ALCÁNTARA Y JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ

Bob Corker y los límites de la prudencia

 Pedro Pablo Alcántara.

El grupo Boston invitó al  Senador Corker, para que en directo, interactuase con factores partidistas y de la sociedad civil a quienes él, había solicitado conocer,  ante el agobio y desazón de nuestras familias, en su mayoría inmersas en la colosal e inédita crisis humanitaria que vivimos y  escucharles con detenimiento.

El diferendo entre nacionales es percibido en el exterior como una ruptura definitiva. Se repite el viejo conflicto de límites entre la polis de los griegos  y los bárbaros. El conflicto va mas allá. Hay una diatriba feroz, sin matices, que  vislumbra una nueva contienda civil. Corker desafió la jauría y con prudencia dio un paso concreto y conciliador, conocedor de los limites, urgido por el sentido de responsabilidad del Estadista que otea la tempestad. Quedó constancia de su amplitud de miras.

Habló también con el oficialismo y evidenció su apego a las normas constitucionales, conducta enmarcada en el clásico estilo norteamericano de respeto a las reglas del Barón de Montesquieu. Expresó a los miembros fundadores del Boston y a los Diputados actuales de la AN, especialmente invitados, acerca de la deseable conciliación entre los venezolanos, lo cual será recibido como una noticia fortalecedora para la percepción internacional preocupada y solidaria que apela a la Democracia para avanzar hacia una determinante solución a nuestra crisis.

Ratificó, asimismo, que si la Democracia languidece , es la sociedad toda la que padece. En Venezuela se podría vivir con tal calidad de vida, como en los propios Estados Unidos o en cualquier latitud civilizada, indicó. Y finalmente, ante la trágica muerte del Concejal Fernando Albán, le recordó al gobierno su deber de esclarecer y castigar a quienes resultaren culpables, por encontrarse el finado líder bajo directa detención por agentes del Estado.

Bob Corker y nuestro fraterno amigo Caleb Mc Carry, reiteraron su afán y contribución a que resolvamos entre todos nuestras diferencias. Que cesen las situaciones de violencia y diáspora que angustian a nuestros compatriotas y en especial a aquellas familias cuyos miembros son objeto de persecución y cárcel, sin olvidar la amarga cicuta del ostracismo y la sed de justicia que los venezolanos anhelamos para regresar sin rencores a la vida bucólica. Oigamos a Francisco Lazo Martí, eximio poeta venezolano, “Y bajo el alba cabellera riza transfiguró al mancebo que arrancaron de los brazos de Patria, la mestiza. Frente a frente, un momento se miraron: y despiertos al fin, viejos cariños, con estrecho abrazo se abrazaron los que fueron amigos, cuando niños.”

Publicado Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/24194/bob-corker-y-los-limites-de-la-prudencia

Corker y el Grupo de Boston

Juan José Rodríguez

 Venezuela a lo largo de su historia ha presenciado innumerables iniciativas e intentos de diálogo llevados a cabo por diversos factores políticos en aras de conciliar posiciones, todos signados por un identificador común, en ninguna de las experiencias anteriores el pueblo nunca fue consultado, quizás allí se encuentre la razón de los limitados resultados obtenidos con los mismos.

Esta característica contrasta con una iniciativa de reconocimiento y convivencia impulsada por el Grupo de Boston, creado en el año 2002, producto de las relaciones interparlamentarias que se establecieron entre Venezuela y Estados Unidos. Lo trascendente del Grupo de Boston  radica en su comprensión de la pugnacidad del  país, en el período 2002-2003 y su manejo de las diferencias políticas desde una perspectiva diferente, orientada de acuerdo a su metodología a develar los temas de interés para todos los venezolanos.

La invitación del Grupo de Boston  al senador Bob Corker, le permitió obtener impresiones de primera mano de la crisis política interna. Del republicano, cabe destacar su disposición para dinamizar la atmósfera política y su interés en escuchar a los factores políticos en pugna, lo cual constituye además un claro mensaje para quienes de manera irresponsable llaman a la violencia.

 Las reuniones de Corker nos permiten soñar con la posibilidad de que a partir de esta visita, se fortalezcan los lazos comunicantes entre el gobierno de los EE.UU, la oposición venezolana y el gobierno del presidente Nicolás Maduro, permitiéndonos avanzar ahora si, en un diálogo franco con el cual alcanzar resultados en materia política, económica y social.

Detrás de la presencia del senador Corker en Venezuela se mueven importantes actores de la política nacional e internacional, tanto del gobierno como de la oposición, que rechazan la violencia como forma de hacer política y que tratan de calmar las aguas cuando muchos de nuestros compatriotas salen del país buscando un mejor futuro y en el momento en que sobre nosotros pesa una amenaza real de intervención militar por parte de los halcones de la guerra de los EE.UU así como por grupos de poder de Colombia, Brasil y Guyana, solo por mencionar los más cercanos.

Los venezolanos debemos tomar conciencia de lo que está en juego, e interiorizar que un eventual conflicto nadie ganará.  Ninguna facción política podrá imponerse sobre la otra, es momento de revisar la historia, muchos han sido los países que luego de largas y cruentas guerras han tenido que sentarse a discutir sus diferencias, ojalá no tengamos que comprobarlo.

Publicado Diario El Universal

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