¿Qué es el Grupo de Boston?

Del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela – Estados Unidos al Grupo de Boston

El Grupo de Boston es una consecuencia de la gestión interparlamentaria de Grupo de Amistad Venezuela – Estados Unidos 2000-2005 de la Asamblea Nacional de Venezuela y el Subcomité del Hemisferio Occidental de la cámara de representantes del Congreso de los Estados Unidos.

En Venezuela los Grupos de Amistad Parlamentaria de la Asamblea Nacional tiene un reglamento de funcionamiento en el que establece los objetivos de estos Grupos de Amistad Parlamentarias tales como:

a)     El establecimiento y conservación de un sólido vínculo entre los parlamentos de ambos países.

b)     El intercambio de información legislativa.

c)     Cooperación en aspectos de común interés para ambos parlamentos y países.

Basado en este reglamento, la Asamblea Nacional de Venezuela constituyó el 6 de diciembre de 2000 el Grupo de Amistad Parlamentario Venezolano – Estadounidense.

El Grupo de Amistad Venezuela- Estados Unidos fué Juramentado en el Hemiciclo protocolar de la Asamblea Nacional bajo la Presidencia del Dip. William Lara, con presencia de la Embajadora de Estados Unidos en Venezuela Donna Hrinak.

En febrero 2001:  La Junta Directiva de VENAMCHAM invita a los miembros del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezolano-Estadounidense a una recepción en la Sede de Venamcham.

En Mayo 22, 2001: VENAMCHAM es el anfitrión de una cena en Washington DC para los participantes del “Congressional Caucus on Venezuela”. Asisten los diputados de la Asamblea Nacional Tarek William Saab como Presidente de la Comisión de Política Exterior y el Diputado Pedro Díaz Blum como Presidente del Grupo de Amistad Venezuela- Estados Unidos.

En Julio 5, 2002: VENAMCHAM es el anfitrión de un desayuno en su sede para los miembros del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezolano-Estadounidense con el fin de estrechar lazos, intercambiar ideas de interés común, así como presentar la estructura de comisiones de trabajo que integran Venamcham.

Entre el 2001 y el 2002 el Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela Estados Unidos inicia una serie de reuniones con diferentes instituciones relacionadas entre Venezuela – Estados Unidos, como con la Embajada de Estados Unidos en Venezuela, y el Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados Unidos (Congressional Caucus on Venezuela).

En Septiembre 23 al 29 de 2001 se realizó una importante visita a EE.UU. con Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela organizada por el Diputado Pedro Díaz Blum como Presidente del Grupo de Amistad Venezuela Estados Unidos.

Esta visita tuvo como objetivo conocer el funcionamiento de la administración de Justicia en Estados Unidos y la administración propiamente dicha de los Tribunales en sus distintas instancias.

Esta visita sirvió para dar a conocer los nuevos cambios en el sistema de administración de justicia en Venezuela como Poder Judicial y rector de todos los tribunales del país.

Se conoció sobre el funcionamiento del máximo tribunal norteamericano conversando con la primera mujer magistrado de los Estados Unidos, Dra. Sandra Day O’Connor.  Igualmente se visitó el centro Federal de Justicia, La universidad Williams and Mary donde se encuentra el prototipo de tribunal con el uso de la más avanzada tecnología entre otras instituciones de interés judicial.

Los Magistrados del Tribunal Supremo venezolano asistentes a esta visita fueron Dr. Juan Rafael Perdomo, Dr. Franklin Arriechi, Dr. Alfonso Valbuena. Dr. Orlando Gravina. Dr. Hadel Mostafa, Dr. Pedro Rondón Haz.

El 24 de Septiembre 2001, Pedro Diaz Blum delegado por la Asamblea Nacional presenta en la sede del Congreso de Estados Unidos a los Congresistas Cass Ballenger, William Delahunt y Gregory Meeks Presidente y vicepresidente Comité del Hemisferio Occidental el Acuerdo de solidaridad aprobado por Asamblea Nacional de Venezuela en ocasión de los actos terroristas del 11 de Septiembre 2001.

 

Creación del Grupo de Boston 

Posteriormente a los eventos políticos en Venezuela de abril 2002, El Grupo de Amistad Venezuela Estados Unidos recibió en la Asamblea Nacional la visita de los Congresistas Cass Ballenger, Carolina del Norte (R) Presidente Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados Unidos; William D. Delahunt (D) Massachusetts y Gregory Meeks, New York (D).

En dicha visita se acordó iniciar actividades conjuntas con un primer encuentro fuera de Venezuela entre ambos Grupos parlamentarios de Amistad Venezuela – Estados Unidos denominado I Foro Interparlamentario Binacional Venezuela Estados Unidos para tratar temas de interés común de ambos países y en un ambiente diferente alejados de la conflictividad política.

La idea principal fué fortalecer las relaciones y la cooperación entre la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y el Congreso de los Estados Unidos de América, por eso un nutrido grupo de Diputados tanto de Gobierno como de Oposición, decidieron impulsar el encuentro parlamentario binacional, propuesto por los Congresistas Estadounidenses Cass Ballenger, William Delahunt y Gregory Meeks.

Fue así como iniciamos los preparativos para realizarlo con el apoyo operativo fundamental en los Estados Unidos de los funcionarios Caleb Mc Carry miembro del personal profesional del Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados Unidos, Ted Brennard Asistente del Congresista Cass Ballenger y de Bruce Friedman Asistente del Representante ante la OEA de Estados Unidos Embajador Roger Noriega y por la OEA su Secretario General Cesar Gaviria apoyado por la Dirección de Resolución de Conflictos dirigida por Rubén Perina.   FOTOS

I Foro Interparlamentario República Bolivariana de Venezuela – Estados Unidos de América.  19 al 23 de Septiembre 2002

El encuentro entre los parlamentarios se realizó primero en Washington DC. desde el 18 al 19 de septiembre de 2002, y posteriormente nos trasladamos a Brewster, Massachusetts, del 20 hasta el 23 de septiembre del mismo año.

Financiamiento del I Foro Interparlamentario Binacional del Grupo de Boston

Esta actividad se hizo gracias al financiamiento de la Unidad para la Promoción de la Democracia de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

En Washington DC. visitamos la sede del Congreso de Estados Unidos, intercambiamos opiniones sobre el funcionamiento del Congreso con la experta Profesora Nina Serafino entre otras reuniones.

Así mismo asistimos a la interpelación que se hizo al secretario de Estado al General Colín Powell en el comité de política exterior del Senado en ocasión a la futura Guerra en el Golfo Pérsico.

Como se escogieron los temas a debatir en los Foros Interparlamentarios 

Los temas tratados, ponentes invitados, lugar, financiamiento, metodología para los debates y participantes se aprobaron previamente entre el sector de oposición y de gobierno en Venezuela, así como Demócratas y Republicanos en Estados Unidos y por supuesto entre ambos países.

Diputados de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela que asistieron al I Foro interparlamentario. 

MIEMBROS FUNDADORES VENEZUELA

  • Diputados del Sector Oposición / Partido
  • Pedro Díaz Blum (PV-Carabobo)
  • José Ramón Medina (PJ-Miranda)
  • Leopoldo Puchi (MAS-Aragua)
  • Dip Luis Beltrán Franco (ABP-Bolívar)
  • Carlos Tablante (MAS- Aragua)
  • Dip Ángel E. Vera (UNT-Zulia)
  • Julio Montoya (MAS-Zulia)
  • Pastor Heydra (AD-Nva. Esparta)
  • Néstor López (AD-Mérida)
  • Rafael Parra Barrios (Convergencia. Yaracuy)

 

Diputados del Sector Gobierno / Partido

  • Nicolás Maduro (MVR- DC)
  • José Khan, (MVR-Caracas)
  • Luis E. Acuña (MVR-Sucre)
  • Calixto Ortega Ríos(MVR-Zulia)
  • Tania D’Amelio (MVR-Vargas)
  • Saúl Ortega (MVR-Carabobo)
  • Victoria Mata (MVR-Bolívar)
  • Francisco Solórzano(MVR-Anzoátegui)
  • Amalia Sáez (MVR-Lara)
  • Héctor Vargas(Podemos-Zulia)
  • Rodolfo Gutiérrez (MVR – Carabobo)

 

 

MIEMBROS FUNDADORES DE ESTADOS UNIDOS

Congresistas de Estados Unidos

Cass Ballenger, Representante de Carolina del Norte (R). Presidente Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados unidos – Copresidente del Grupo de Amistad Estados Unidos – Venezuela.

William D. Delahunt, Representante de Massachusetts (D). Copresidente del Grupo de Amistad Parlamentario Estados Unidos – Venezuela

Gregory Meeks, Representante de New York (D) Miembro del Grupo de Boston

John Kerry, Senador de Massachusetts (D)

Edward Kennedy, Senador de Massachusetts (D)

Caleb Mc Carry: Asistente del Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados unidos

Ted Brennard Asistente del Congresista Cass Ballenger Presidente Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados unidos

Paul Oustborg Asistente de William Delahunt Vice Presidente Sub-Comité del Hemisferio Occidental del Congreso de los Estados Unidos

En este I Foro Interparlamentario, se trabajó intensamente en un ambiente caracterizado por el respeto mutuo, tolerancia, capacidad de diálogo, la búsqueda del consenso y entendimiento.

Del 20 al 23 de Septiembre en Brewster Massachussett, se trataron diferentes temas y se llegaron a las siguientes conclusiones:

Conclusiones del I Foro interparlamentario

  • Asumir el compromiso de defender la democracia de Venezuela, a través del diálogo, el respeto mutuo, la tolerancia; y claros de que, a través del fortalecimiento de la democracia, estamos beneficiando a toda la sociedad venezolana.
  • Fortalecer la Asamblea Nacional de Venezuela, convencidos de que ésta es fundamental para la democracia.
  • Crear un Foro Interparlamentario Binacional La creación del Grupo Interparlamentario se denominó el “Grupo de Boston”, nombre elegido por ser la capital más cercana donde se realizó el encuentro. 

Dicho foro acordó nombrar un comité ejecutivo de seguimiento integrado por el Diputado Pedro Díaz Blum por el sector oposición y Calixto Ortega por el sector gobierno de la Asamblea Nacional de Venezuela y los congresistas William Delahunt, Gregory Meeks y Cass Ballenger, por el Congreso de los Estados Unidos de América.

El objetivo central del Grupo de Boston es fortalecer las relaciones de cooperación entre los congresos de los Estados Unidos y la Asamblea Nacional de Venezuela de manera de enfocarse en temas vitales de común interés para fortalecer la democracia.

A este efecto, el grupo representa una oportunidad única para que los legisladores de ambos países puedan conocerse mejor y detectar las oportunidades para una mejor comprensión mutua del rol que cada cuerpo legislativo respectivo tiene en el sistema político democrático en cada país.

El grupo también sirve de mecanismo para conjuntamente discutir los problemas, retos o temas que pudieran surgir en el contexto de las relaciones Venezuela-EEUU, así como también para encontrar formas de cooperación que pudieran beneficiar a ambos países.

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La Columna del Grupo de Boston 15/12/2018

Por Germán Carrera Damas y Alexander Torres Iriarte

EL TRIBUNAL DE LA HISTORIA*

Germán Carrera Damas**

Debo advertir  que  las reflexiones   que expondré a  continuación se basan en la experiencia venezolana, vivida por mí desde 1945, e interpretada con mis recursos de historiador profesional cuya experiencia, ya prolongada y algo vasta, le ha llevado, sin embargo de lo que ahora escribo, a ser muy prudente en materia de generalizaciones.1

Con el solo propósito de apuntar, igualmente, que mis reflexiones no carecen de alguna fundamento político concreto, debo advertir también que fui miembro fundador de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado  (COPRE), y que en ella desempeñé las funciones de Director de la Subcomisión de reforma institucional, la cual elaboró algunas propuestas de reforma inmediatas que fueron adoptadas por unanimidad y que se hallan aún vigentes, si bien están asediadas por el régimen autocrático militarista.2

Basado en esta experiencia, he llegado a estimar que la consolidación institucional de la democracia en Venezuela requiere la radicación, en la cultura política de la sociedad, de algunos criterios básicos, contrariando, para el efecto, arraigadas creencias.

I.-Legalidad vs legitimidad.

La formación, el ejercicio y la finalidad del poder público deben prevalecer sobre la denominada legalidad de origen, porque ellos determinan la legitimidad de ese poder.

Es comprensible que en sociedades en las que los gobiernos han sido de fuerza, generalmente surgidos de golpes militares tradicionales; o que han estado marcados de continuismo, la vía electoral para la formación del poder público fuese vista como una reivindicación, y reconocida como una fuente cierta de legalidad.

De hecho, la vía electoral es consubstancial con el ejercicio de la democracia. Puede disputarse sobre el modo de realización, pero no sobre el principio de que, en democracia. es la elección la vía para formar el poder político.

No obstante, como suele suceder con todos los principios destinados a regir la vida política de las sociedades, también el de la legalidad primaria, como suele denominarse al resultado electoral, con el ejercicio se vuelve cuestionable. Una vez habituada la sociedad al ejercicio electoral, como ha venido sucediendo en Venezuela desde hace medio siglo, la atención de la sociedad tiende a fijarse más en la legitimidad del poder que en su legalidad, pues también de elecciones pueden resultar malos gobiernos, en su ejercicio y finalidad, como está históricamente probado.

De allí que en las sociedades en las cuales el procedimiento electoral ha sido práctica normal, la atención de los ciudadanos tiende a desplazarse desde la legalidad de origen del gobierno hacia su legitimidad, en el sentido de valorar el proceso formativo del gobierno apreciándolo más allá de los procedimientos electorales;  valorando, sobre todo, el ejercicio del poder, tomando como criterio el respeto a las instituciones y a los derechos políticos y humanos, y la finalidad del poder, en el sentido de garantizar los derechos de la minoría y el respeto de la igualdad entre los ciudadanos.

En suma, ya no bastará con la legalidad de origen para acreditar la condición democrática de un gobierno; importará sobre todo su legitimidad, atendiéndose a los criterios antes señalados. Igualmente, atendiendo a la naturaleza de estos criterios corresponderá a la sociedad civil organizada ejercer la vigilancia de la legitimidad al igual que reivindicar su respeto de manera constante y no limitada al ejercicio del sufragio.

   II.- El deber de legitimidad es la más eficaz limitación del poder político.

El deber de legitimidad es la más eficaz limitación del poder político. No sólo porque remplaza la legalidad de origen, sino también y sobre todo porque es función de la voluntad política de la sociedad civil, manifestada en sus diversas formas organizativas, principalmente los partidos.

En forma sintética podría decirse que el cumplimiento del deber de legitimidad obliga a los gobernantes y al gobierno a gobernar, contrariando la casi natural tendencia a mandar. La obligación de legitimidad es salvaguardada por tres conceptos claves: la responsabilidad política, la responsabilidad jurídica y la responsabilidad internacional.

La responsabilidad política se entiende, en este caso, como una obligación que desborda lo pautado por la constitución.

Puede y debe entenderse como el compromiso de cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes. Pero puede y debe entenderse sobre todo como el rechazo de una ilegítima potestad que se atribuyen los gobernantes con tendencias autocráticas, que se expresa como la posibilidad de agenciarse la violación o la alteración hasta desvirtuarlos, de las normas básicas en aplicación de las cuales fueron electos.

La exacerbación de esta tendencia llaga a su más alto grado cuando el electo entiende mandar en función de la realización de una agenda oculta, incurriendo en el delito de dolo.

El sólo intentarlo desvirtúa la democracia hasta el punto de que anula la legalidad de origen, al hacerla depender de un engaño premeditado y alevoso.

No se trata del incumplimiento de promesas, pues si todas las promesas políticas se cumplieran ello significaría que la realidad carece de fuerzas propias.

Se trata de que la política propuesta al elector para recabar su voto, constituye un contrato de obligado cumplimiento, o al menos de intento de tal, pero nunca podrá ser substituidos sus términos por otros de que no sólo no se ha informado al elector sino que se le ha mantenido celosamente oculto hasta la negación de su posibilidad.

Responsabilidad  internacional puede y debe entenderse como la obligación de atender a la acreditación del prestigio y la respetabilidad adquiridos por una sociedad constituida políticamente al cabo de sostenidos esfuerzos costosos en sacrificios y en vidas.

La fuerza vinculante de este ancestral mandato no sólo determina límites sino que impone actitudes, generando una modalidad de la legitimidad que desborda el ámbito de lo político, más o menos inmediato, y se asienta como un imperativo histórico. Nada tendrá consecuencias más perdurables y poco menos que insuperables, que el incumplimiento de este deber histórico, dado lo costoso arduo que resultará el restablecimiento del prestigio y la credibilidad afectadas si no perdidas del todo.

III.-  La legitimidad como imperativo ético que desborda la responsabilidad jurídica.

Es un lugar común la expresión “el tribunal de la historia”. Pero se suele entenderla como una instancia inexorable ante la cual comparecen el heroísmo y la cobardía; la grandeza y la pequeñez; el honor y la deshonra. De esa comparecencia se derivan el prestigio histórico y la ejemplaridad en lo concerniente al respeto y la práctica de valores socialmente reputados como edificantes. Pero de ella se espera algo más: y esto es el efecto disuasivo que habría de tener sobre conductas torcidas o desviadas.

No obstante, quizás sea la función primordial, aunque no siempre ostensible, del tribunal de la historia, el figurar como una simbólica instancia de la legitimidad llamada a compensar la buena fe de los pueblos por las infracciones cometidas en su contra. Del juego de este mecanismo compensatorio depende la demostración de ..”la aptitud de Venezuela para la práctica ordenada y pacífica de la democracia”, según la sentencia final del denominado “Pacto de Punto Fijo”, suscrito por los principales dirigentes de los partidos Acción Democrática, Social Cristiano COPEI y Unión Republicana Democrática, en Caracas, el 31 de octubre de 1958,

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1.-Las circunstancias de presidir el Comité de Redacción de la Historia General de América Latina,  de ser miembro del Buró del Comité Científico Internacional encargado de elaborar la nueva versión de la Historia del Desarrollo Científico y Cultural de la Humanidad, de ser miembro del Comité de Redacción de la Historia General del Caribe, todas patrocinadas por UNESCO; y también miembro del Comité Editorial de la Historia de América Andina, patrocinada por la Universidad Andina Simón Bolívar – Sede Quito.

2.- La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado  (COPRE) fue creada por decreto de 17 de diciembre de 1984. Tuvo a su cargo el estudio y la elaboración de proposiciones que pudieran llevar a la modernización del Estado y la profundización de la democracia.

(*) Basado en el artículo homónimo publicado en noviembre de 2006.

(**)Doctor en Historia, Universidad Central de Venezuela, 1972. Profesor Titular III (Jubilado) de la misma Universidad. Embajador de la República de Venezuela ante los gobiernos de México, Suiza, Colombia y la República Checa (Jubilado a partir de enero de 1999). Fundador de las cátedras de Historia de la Historiografía de la Historia. Ha desempeñado la cátedra Simón Bolívar de las universidades de Cambridge y Colonia.

EN EL ALMA POPULAR

Alexander Torres Iriarte*

Pensemos en el modo cómo la derecha nos ha tratado la figura del Libertador. Un Bolívar que debe ser desentrañado sin el prejuicio del historiador apegado únicamente al documento escrito. Es en este sentido que el imaginario social es una rica cantera para dilucidar la carga mítica y revolucionaria del Libertador como factor de dignificación nacional, no como un lastre que debemos superar.

En las imágenes mentales del pueblo venezolano -sus valores, costumbres, hábitos, tradiciones, trasmisión oral, etc.- existe un Bolívar “interno”, un Bolívar mito fundacional de nuestro complejo país. Cuántos cantores y poetas, por no perdernos en las procelosas aguas del universo cultural, nos han recreado sinceramente al Padre de la Patria.

Asimismo, en la cosecha de los marginados es muy común la equiparación de Bolívar con el hijo del Dios cristiano: “Cuando Bolívar nació Venezuela pegó un grito, diciendo que había nacido un segundo Jesucristo”. El pueblo lleva a Bolívar desde la parranda a la oración, desde la solemnidad del paraninfo al altar con las tres potencias y el cacique Naiguatá. Bolívar se transforma en motivación profunda de acciones edificantes ¿Es negativo que Bolívar sea un mito fundacional?

Para los despreciadores de los saberes de los de abajo, es un signo de animismo, de minoría de edad en nuestro desarrollo como sociedad civil; argumento sostenido por quienes contribuyeron con un culto para el pueblo “inepto” o por quienes tienen una óptica negadora de los sentires colectivos.

Este Bolívar paralizador de las reivindicaciones de los excluidos, no se tornó negativo para la derecha en la medida que fue instrumentado por los operarios del fracasado Estado Liberal. En el puntofijismo valía la pena ser bolivariano, no era químicamente peligroso: Bolívar se exhibía como un personaje legendario, un héroe aristocrático para la perpetua contemplación, para el incienso y la mirra de los panteones.

En ese instante, cuando el pueblo era en convidado de piedra, ser bolivariano no era una enfermedad cultural, hasta el punto que se instauró una asignatura obligatoria (Cátedra Bolivariana) en la formación escolar de los años 80 del siglo pasado. Sin embargo, no pudieron (y no podrán) arrebatar del imaginario popular un Bolívar cabalgado con los humildes, resolviendo problemas humanos y divinos, un Libertador amigo de hombres y mujeres plenos de fe. De tal manera que independientemente de la prédica de la derecha, se palpa un culto del pueblo que cada día se hace más movilizador, más efectivo.

Un culto que sin rubor acompaña ancestralmente al venezolano y que encontró en Hugo Chávez una sincronía casi religiosa: un líder que retorna el símbolo cargado de optimismo y de esperanza. Es así como la presencia mítica de Bolívar no es mala per se, es incentivo popular por un mejor presente, ya no es una estatua. El reto está en no cosificar el símbolo, en socializarlo afirmativamente.

(*) Egresado del Instituto Pedagógico de Caracas, en Ciencias Sociales mención Historia (Cum Laude);  MSc. en Historia de Venezuela de la Universidad Central de Venezuela; miembro del Consejo de Redacción de las Revistas de Historia y Ciencias Sociales: “Tierra Firme” y “Tiempo y Espacio”. Colaborador del Boletín de la Academia Nacional de la Historia

Publicada en el diario El Universal 

http://www.eluniversal.com/politica/28365/grupo-de-boston

La Columna del Grupo de Boston 1/12/2018

 Por Aime Nogal M. y Agustín Lao-Montes

¿Es posible solucionar la crisis política sin garantías para la gobernabilidad?

Aime Nogal M*

Refieren los expertos en negociación y acuerdos, que entre los mecanismos para generar confianza, se encuentra la capacidad de cada uno de los actores de cumplir con pequeños gestos para transitar a la discusión de una agenda común, esto como pieza indispensable en el diseño de una solución a un conflicto bélico o político.

Con frecuencia la oposición denuncia, no sin razón, que el gobierno incumple de forma consuetudinaria la más mínima concertación, motivo por el cual, una parte de los opositores afirman que esto imposibilita cualquier acercamiento. Sin embargo, es un hecho notorio que también la dirigencia opositora tiene dificultades para lograr acuerdos internos y posteriormente, respetarlos.

Los ciudadanos, de todos los sectores y los gobiernos interesados en la resolución del conflicto venezolano estamos a la espera de una propuesta creativa del liderazgo político, que cimente su credibilidad en la capacidad de tengan las partes de para cumplir los acuerdos y construir una solución a la crisis política venezolana, que garantice la gobernabilidad a corto, mediano y largo plazo.

Despersonalizar el conflicto, generar espacios de confianza en el proceso de reconocimiento del otro e integrar a la mayor cantidad de actores de la vida nacional, son tareas urgentes. En este sentido, un caso de éxito, que sirve de ejemplo en la vida política del país es el Grupo de Boston, integrado de forma paritaria por dirigentes opositores y del sector oficial, que ha logrado hasta ahora, un espacio en el que se sortean las diferencias y se concentra el esfuerzo en encontrar intereses comunes.

 

Además, es imposible dejar de lado la importancia del Grupo de Boston como  un eslabón institucional, entre los parlamentos venezolano y norteamericano, que bien puede servir como canal de comunicación entre ambas instituciones, con el objetivo de mejorar las relaciones con el país, que ha sido durante décadas nuestro primer socio comercial.

Quienes creemos que la superación de la crisis que atraviesa Venezuela, supone un esfuerzo por destrabar el conflicto político, consideramos como objetivos indispensables garantizar la gobernabilidad y el reencuentro, dos factores decisivos para obtener estabilidad política y consecuencialmente, el acceso a los mercados financieros internacionales, a los que nuestro país deberá acudir indefectiblemente, para superar la miseria e insertarse en la modernidad.

 

(*)Abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela. Especialista en Derecho Procesal. Egresada del Programa de Líderes Internacionales del Departamento de Estado del Gobierno de Estados Unidos.

Un puente entre el Norte y el Sur: La cátedra de estudios afrohispánicos

Agustín Lao-Montes*

La Suno University de New Orleans, bajo la coordinación de Clay Robertson, tomó la iniciativa de implementar una cátedra de Estudios Afrohispánicos con la finalidad de establecer un puente entre los procesos históricos de las comunidades afroestadounidenses de esa ciudad y la diáspora africana en los países de América Latina y el Caribe.

 

Esta iniciativa es un ejemplo de la necesidad de que pueblos con origen común comiencen a hacer una reflexión de sus procesos históricos y sus diferentes aportes económicos, espirituales, éticos, epistémicos, culturales, políticos a la ciudadanía contemporánea y sus luchas para la democracia, la equidad, la justicia y la inclusión en las políticas públicas.

Esta iniciativa, ejemplo para otras universidades, llegó a ser realidad gracias al esfuerzo de Venezuela, un país que pareciera cada vez más alejado de EEUU. A pesar de las coyunturas políticas entre los gobiernos, hay una agenda establecida en el Decenio Afrodescendiente declarado por la ONU (2014-2024).

La Declaración y Plan de Acción de Durban del 2001, que sirve de antesala a dicho Decenio, estipula el compromiso con la Justicia Reparativa Étnico-Racial, es decir, con la elaboración de Reparaciones a las consecuencias traumáticas causadas por la trata negrera, el sistema esclavista y la Discriminación Racial que aún permanece en América Latina, el Caribe y los EEUU.

Estuve en Venezuela en dos eventos donde se promulgó un acuerdo para la implementación del Decenio Afrodescendiente y el impulso a las políticas de Reparaciones, un ejemplo regional para la inclusión de esos temas en su agenda de Estado; pero además, he acompañado la aproximación de Venezuela a miembros del Caucus Negro y ahora a las universidades, para llevar estos temas al debate público en EEUU.

Al analizar la situación en Venezuela y su relación con los EEUU, hay que tomar en cuenta la importancia de estos puntos de encuentro y valorizarlos por encima de las diferencias.

En América Latina y el Caribe viven más de 150 millones de afrodescendientes bajo los peores indicadores de desigualdad de acuerdo a instituciones como el Banco Mundial.

En la cátedra se abordan estos temas. Lejos de mantener una constante confrontación, con amenazas militares o sanciones, desde EEUU deberíamos propiciar acercamiento y diálogo, incluso entre los propios actores políticos venezolanos, para seguir trabajando en conjunto en la necesidad extraordinaria de reconocernos recíprocamente como una comunidad de largo aliento en nuestras gestas comunes por la democracia, la equidad y la justicia.

(*) Profesor de Sociología en la Universidad de Massachusetts en Amherst, donde dirige la especializacion de posgrado en Estudios de la Diaspora Africana. Es miembro de la Articulación Regional Afrodescendiente en las Americas-ARAAC.

Publicada en el Diario El Universal

http://www.eluniversal.com/politica/27145/columna-del-grupo-de-boston